El misterio de las celosías cerradas en San Telmo
- Jimena Amaya
- 13 ago 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 14 ago 2024
Caminar por el barrio es como meterse en las páginas de un libro de cuentos olvidados. Cada esquina, cada fachada, tiene algo que contar, aunque lo haga en susurros. Las celosías cerradas, esas guardianas silenciosas, son quizás las que mejor encarnan el misterio del barrio. Te invitan a mirar, pero al mismo tiempo, te cierran la puerta en la cara, como si estuvieran protegiendo secretos que no nos pertenecen. Cada una de ellas es una frontera entre él adentro y él afuera, entre lo que fue y lo que es. ¿Qué habrá detrás de esas persianas blancas, que parecen tan firmes en su decisión de no dejar pasar la luz?

Estados Unidos, esquina Perú
Mirá esas ventanas que se esconden tras persianas, que no dejan que la luz del sol penetre en sus interiores. ¿Qué ocultan? ¿Una vida tranquila, un silencio, o simplemente la decisión de alguien que prefiere mantener sus espacios en la oscuridad? Esas celosías, tan comunes en San Telmo, parecen susurrar que no todo está a la vista, que en este lugar, la historia se cuenta tanto en lo que se revela como en lo que se esconde.
Las fachadas, con sus detalles barrocos y sus puertas de carpintería trabajada, nos hablan de una época en la que el diseño no solo era una cuestión de estética, sino también de narrativas ocultas. Pero, en el fondo, ¿qué es una celosía cerrada, sino una invitación a imaginar? A pensar qué podría estar sucediendo detrás de esas paredes gruesas y esos balcones pequeños.
Quizás, esas celosías son una lección en sí mismas. Nos recuerdan que no todo debe ser expuesto, que, a veces, es mejor dejar un poco al misterio. En un mundo donde todo está a la vista, donde se comparte hasta el último detalle de nuestras vidas, tal vez San Telmo nos está diciendo que es en el espacio entre lo que mostramos y lo que ocultamos donde reside la verdadera magia.

Defensa, esquina Av. Independencia
El mensaje es simple: en la vida, como en San Telmo, hay cosas que conviene mantener en las sombras, no por miedo, sino porque ahí es donde se guarda lo esencial. Las celosías cerradas nos evidencian que el silencio y la discreción también ocupan su lugar, y que, a veces, lo que no se describe tiene más importancia que cualquier palabra.
Sigo caminando, también volando.
Gracias, Jimena! Me encantó el relato.