No es Tinder, es el mercado inmobiliario: el cuento de ya va a aparecer el novio
- Jimena Amaya
- 5 feb
- 4 Min. de lectura
Rafaela me llama para tasar su departamento en San Telmo. Hace un año que lo tiene publicado con una inmobiliaria, también del barrio, que le sigue repitiendo el mantra de "ya va a aparecer el novio", como si la propiedad estuviera en Tinder esperando el match perfecto. Mientras tanto, el aviso sigue juntando polvo virtual y el pretendiente no da señales de vida.
Cuando le pasé mi informe de tasación, la frase me hizo ruidito. ¿Cuántas propiedades quedan atrapadas en este cuento del amor inmobiliario mientras el mercado sigue a otro ritmo? Yo no vendo príncipes azules. Mi informe no endulza oídos, pero sí vende propiedades.
(El nombre en esta historia es ficticio, pero la situación es más real de lo que me gustaría).

Hay frases que, lejos de ser inofensivas, terminan contaminando el mercado con una comercialización tóxica. En el mundo inmobiliario, una de ellas es la mal pronunciada y peor entendida "ya va a parecer un novio". Es una expresión que, bajo la excusa de la paciencia, refuerza la idea de que basta con esperar a la persona "correcta" para que una propiedad se venda, como si el mercado fuera Tinder y el comprador, un enamorado en potencia que simplemente no ha llegado.
Comparar la venta de una propiedad con la búsqueda de un novio no solo es una falacia, sino que también alimenta expectativas irreales y mantiene a los vendedores atados a una ilusión que los aleja de tomar decisiones concretas y efectivas. Porque, al fin y al cabo, si alguien te dice que "ya va a aparecer un novio", la pregunta es: ¿cuánto tiempo vas a esperar antes de reconocer que quizás lo que necesitabas no era un novio sino otra manera de encarar la búsqueda?
El problema con esta mentalidad es que convierte el mercado en un terreno de ilusiones postergadas. Se le dice al vendedor que su propiedad vale lo que sueña que vale, en lugar de lo que realmente vale. Se le promete que en algún momento "va a aparecer" ese comprador ideal, cuando en realidad la propiedad necesita ajustes en el precio, en la presentación o en la estrategia de venta.
Expectativas vs. Realidad: cuando el problema no es la falta de novios
Ni en la vida ni en el real estate hay que forzar los vínculos. La idea de que la felicidad (o la venta) dependen de encontrar "al indicado" es una trampa emocional que solo lleva a la frustración. Lo veo todo el tiempo: gente convencida de que su propiedad vale más de lo que el mercado está dispuesto a pagar, esperando a que un comprador iluminado aparezca como por arte de magia.
Y mientras esperan, el aviso sigue ahí, acumulando meses de publicaciones, perdiendo atractivo y generando una distorsión en el mercado. Es como cuando alguien se aferra a una relación sin futuro, con la esperanza de que "en algún momento va a cambiar". La realidad es que las oportunidades no llegan solas: se construyen con decisiones inteligentes y realismo.
¿Cuántas veces escuchamos el típico “ya va a aparecer alguien” en el amor? Como si solo se tratara de esperar y no de revisar qué queremos, qué ofrecemos y qué estamos dispuestos a negociar.
En el mercado inmobiliario pasa lo mismo. No se trata de encontrar un comprador, sino de generar interés. Y para eso, el precio y la presentación tienen que estar alineados con la realidad. No alcanza con cruzarse de brazos esperando que alguien pague un valor disparatado porque la propiedad "lo merece". Hay que salir al mercado con una estrategia clara y bien pensada.
Esa mentalidad de esperar "al ideal" contamina todo el proceso. Propiedades sobrevaluadas, publicaciones eternas y una falsa sensación de que el mercado está "quieto", cuando en realidad el problema es otro. Es hora de que los corredores inmobiliarios dejemos de vender espejitos de colores y empecemos a decir lo que a veces los clientes no quieren escuchar: que el precio no es competitivo, que la presentación no ayuda o que la estrategia necesita ajustes.
Nuestro rol no es sostener ilusiones, sino marcar el camino para que la venta suceda. Y ese camino no depende de encontrar "un novio", sino de tomar decisiones estratégicas con los pies en la tierra.
Un mercado sano necesita vínculos sanos
Las frases hechas pueden ser cómodas, pero no resuelven problemas. Ni en el amor ni en el mercado inmobiliario. Aferrarse a la espera de ese comprador ideal puede ser una estrategia de autopreservación, pero rara vez es una estrategia de venta efectiva.
Bajarse de la expectativa nos conecta con la realidad. Nos permite ver que, a veces, lo que creíamos indispensable no lo era tanto. Y que lo que realmente importa no es encontrar "al indicado", sino tomar decisiones que nos acerquen al resultado que queremos. En la vida y en los negocios, el mejor vínculo es el que se construye desde la verdad y no desde la ilusión.
Si querés una tasación sin novios, sin príncipes azules y sin cuentos de hadas, llamame; es mejor moverse con datos reales que esperar milagros románticos. Y mirá que soy romántica, pero aprendí a diferenciar entre las historias bien contadas y las que realmente funcionan. Hablemos de negocios, o de amor, pero siempre con los pies en la tierra.
Escribime al ☎️ 11 7018-4686
Romantizar un inmueble que es patrimonio de alguien no esta bueno! muy bueno que lo veas así🤗
Tu relato es exquisito
Excelente publicación, me deja pensando
Sos una Genia!